Malentendidos (IV)

Ha habido un debate interesante sobre verdades y mentiras y eso me facilita la decisión sobre el tema a tocar en este post: seguimos con la cuestión de verdades, falsedades y engaños (auto y heteroengaños).
Vaya una primera aclaración:
La percepción no es un input al cerebro (una entrada estimular) sino un output del cerebro (una salida final de procesamiento) hacia lo que entendemos como consciencia. Una vez exteriorizada en la “pantalla” y sólo entonces, se transforma en un input, para volver a iniciar otro ciclo (la reentrada de Gerald Edelman). Imaginemos la proyección de una película. Está formada por una sucesión rápida de fotogramas que van generando la ilusión de continuidad del relato. El contenido es una salida (una proyección) del realizador hacia el individuo. Imaginemos un poco más: la película es una propuesta que de forma sutil va interactuando en cada fotograma con el espectador, reafirmándose el guión o retocándose en ese ir y venir de la pantalla al individuo. Generalmente el espectador está de acuerdo con lo que recibe y la película es predecible. No está grabada pero tiene una altísima probabilidad de que vuelva a salir la de siempre. Se puede utilizar también la metáfora de un dúo musical “improvisado”.
Una película migrañosa es predecible para el paciente. El guión es el de siempre porque la interacción entre el realizador y el espectador no sufre variaciones: el guión es: el cerebro teme que algo terrible suceda en la cabeza (necrosis) y comunica su miedo al “usuario”. Este tiene una fe ciega en las predicciones de su cerebro y se presta a proteger su preciada cabeza, siguiendo las recomendaciones de buscar un refugio, eliminar lo comido y tomar el “protector” craneal. Se escenifica la misma pesadilla de siempre hasta que por fin el cerebro decide apagar al individuo para procesar con calma los sucesos y sacar conclusiones para el futuro. La pesadilla se disuelve en el sueño.
La pesadilla cerebral migrañosa se produce con el individuo despierto y sometido, cautivado. Cerebro e individuo comparten el terror pero por motivos diferentes: el cerebro teme el daño (la necrosis) y el individuo el dolor. Los dos terrores se complementan y mantienen viva la tensión de la película.
Podemos sustituir dolor por picor y el guión iría sobre parásitos en la piel. El cerebro los imagina y proyecta en la pantalla algo que incita al espectador a rascarse. El cerebro imagina parásitos y el individuo picores. El rascado elimina momentáneamente el peligro pero vuelve el picor una y otra vez como esas películas con indios pelmas que se lanzan hacia los desventurados de las caravanas sin desmayo.
Otra aclaración: estamos tratando el problema de los síntomas en ausencia de daño, de la activación innecesaria de respuestas defensivas por un error de predicción de peligro.
Dibujo de Uxue Maturana
Imagine una persona hambrienta delante de su plato favorito con un censor-inquisidor que trata de contener su impulso de comérselo, con el argumento de que si lo come morirá… La amenaza de muerte no tiene ningún fundamento pero el censor ha conseguido que el hambriento comensal se tome en serio la premonición…
Puede que el hambriento haya decidido comerse el plato prohibido y el censor-inquisidor en un último intento de salvar la vida le active el programa de eliminarlo (nausea-vómito). El transgresor se conserva vivo (gracias al vómito según el censor) y ambos toman buena nota de lo sucedido para próximas ocasiones: “no lo consentiré la próxima ocasión” (se conjura el censor); ” no vuelvo a comer en un chino” (se propone el hambriento).
¿Qué debemos hacer? En mi opinión convencer al censor y al hambriento de que debe comerse el plato y de que todo lo que creían sobre el riesgo es falso. No veo lugar a mantener el error sobre la base de que lo importante es evitar el sufrimiento del programa censor (el “éxito terapéutico”).
Finalmente: una creencia es un producto neuronal fundamental. No se quita y pone a demanda. No podemos creer lo que queramos. Ni siquiera podemos querer lo que queramos. Una creencia es una construcción cerebral que germina y se desarrolla si se dan las condiciones adecuadas. Nosotros sólo podemos aportar esas condiciones de cultivo: lo necesario aunque no siempre sea suficiente.
Las enfermedades por falsas creencias (inmunes y/o neuronales) se “curan” (silencian) al desactivar esas creencias. La enfermedad de no poder comer carne por información sobre el mal de las vacas locas se cura con información de que no hay ningún peligro en comer carne. Si mantenemos la incertidumbre y proponemos mil y una terapias a aplicar a carnes y/o estómagos para evitar el problema hemos generado mercado sobre la falsedad de que la carne sigue siendo incierta para algunos estómagos.
Ciencia, cultura y mercado… Creo que escribí un post sobre la cuestión… allá por Marzo
Tempus fugit…
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