Malentendidos (III)

Un recurso a mano para salir de una situación apurada es el engaño, la mentira. La imagen de un cerebro opresor que nos activa el programa dolor sin necesidad evoca la idea de una persona interior, una especie de tutor, que no nos da libertad de movimientos y nos castiga en exceso. A esta persona no le concedemos ninguna elasticidad, apertura mental, para cambiar de actitud y surge entonces la ocurrencia del engaño…
- ¿Cómo podemos engañar a nuestro cerebro?
- Es imposible disociar cerebro e individuo. El cerebro mismo es el que propone el engaño como posible vía de solución. No tiene sentido: “engáñame para ver si se va el dolor…”. Se necesita una convicción compartida de que no está sucediendo ni va a suceder nada.
- Tengo entendido que el placebo es un engaño a veces muy eficaz…
- Así es, pero se necesita, al menos en un primer momento, haber compartido el engaño. Si usted coge una cápsula, elimina el fármaco, la rellena con harina y luego se la toma diciéndose: “es un poderoso analgésico” no creo que haga ningún efecto. Ahora bien si le administran esa misma cápsula con harina diciéndole que es un poderoso analgésico (ignorando usted que tiene harina) puede que le alivie el dolor. Si al cabo de unos días le aclaran que esas cápsulas sólo tienen harina, puede que sigan haciendo efecto…”Es igual, deme esas cápsulas. Son las únicas que me calman el dolor…”. La memoria produce efectos curiosos.
- Ya que, según usted, no podemos engañar al cerebro nosotros mismos, tendríamos que conseguir que el médico nos engañe a los dos: “Tómate esto, es muy bueno…”
- Hay expertos en efecto placebo que defienden la utilización del engaño con fines compasivos. No estoy seguro de que sea una buena idea. Puede que le solucione el momento pero le complica el medio y largo plazo.
- Para mí valdría cualquier cosa con tal de que se me quite el dolor…
…
En realidad, cuando hay dolor sin motivo (necrosis) el engaño ya está operando. Por ejemplo: si usted tiene dolor en las articulaciones cuando cambia el tiempo, algo bastante común, ello es debido a que han engañado a su cerebro metíendole miedo para que no autorice el movimiento en los cambios de tiempo pues se pueden estropear las articulaciones…
- He comprobado que me duele la columna cuando cambia el tiempo. ¿Cómo podríamos engañarle al cerebro para que no nos ponga el dolor? ¿Le decimos una piadosa mentira, que el cambio de tiempo no afecta a las articulaciones?
- Eso sería, no una piadosa mentira sino una verdad como un templo. Los cambios de tiempo no afectan a las articulaciones.
- ¿Ah no? ¿Entonces… por qué duelen?
- Porque han engañado previamente a su cerebro con el cuento de los cambios de tiempo. En realidad lo que tendríamos que hacer es des-engañarle respecto a ese cuento.
- ¿No cree usted en los cambios de tiempo?
- El cerebro es muy sensible a los cambios pues tiene que reprogramar, actualizar sus decisiones. En los cambios aumenta la probabilidad de que se cuelen los engaños. El cerebro tiene cuidado con los cambios ya de por sí y además, la cultura popular y “experta” le previene: “ten cuidado con los cambios de tiempo; cuida las articulaciones, pueden coger frío y humedades…”
- Y…¿no es verdad?
- La humedad del agua no varía con la humedad del aire. La humedad externa no crea una humedad perjudicial interna ya que el interior está todo mojado. No hay nada seco dentro y la temperatura es constante. Es como tener miedo a coger frío y humedad cuando está en la bañera con un reconfortante baño de agua a 27º porque en la calle ha salido el día frío y húmedo.
- O sea que el próximo día que salga frío y húmedo ¿cómo consigo engañarle a mi cerebro para que no tenga miedo a que yo salga…?
- ¿Está seguro de que usted no tiene miedo al frío y la humedad?
- Yo tengo miedo al dolor no al frío… Bueno, quizás tenga razón. Reconozco que también tengo miedo al frío…
…
Cuando queremos conseguir que nuestros hijos pequeños nos obedezcan puede que hayamos recurrido al truco de la amenaza engañosa:
- Si no vas a dormir le llamo al ogro para que te coma…
- No, no le llames…Ya me voy a la cama…
La cultura inyecta miedos, engaños… Sobre ese tejido de temor e incertidumbre sin fundamento es fácil organizar propuestas de soluciones. Todo puede valer para disipar los miedos cerebrales: fármacos, agujas, productos homeopáticos, ensalmos, relajaciones, meditaciones, hipnosis, mantras, ejercicios, respiraciones, abluciones, aromas, vibraciones, pulseras magnéticas, diademas, estimuladores eléctricos, ultrasonidos, campos magnéticos, pirámides, campos energéticos…
En la batalla comercial por el mercado del engaño, los remedios oficiales, los fármacos, han perdido eficacia. Producen ya menos alivio que las llamadas medicinas alternativas… salvo en los niños, en los que un calmante es igual de eficaz que un placebo. A Dumbo le iba bien llevar una pluma en la trompa para volar.
Desengáñese. No busque un buen engaño. Consiga buena información… Dumbo debe saber que son las orejas las que le hacen volar, no la pluma…
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