Arturo Goicoechea

¡Levántate, sal de la cama y anda!

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

Ya hemos comentado el problema de la fibromialgia: el cerebro activa el programa: “quédate en cama; no merece la pena que te esfuerces; tus huesos, músculos y articulaciones son frágiles y el movimiento puede perjudicarte”. El dolor, cansancio, desánimo y la evaluación pesimista presionan para que la paciente se conduzca como una enferma aunque esté sana. Ante esta extorsión cerebral la paciente puede “decidir” quedarse en casa, obedeciendo a su cerebro o salir y defender sus propósitos aun a riesgo de provocar la ira cerebral y pagarlo con más dolor al detener la actividad. 

La invitación a la quietud es un recurso defensivo ancestral que busca minimizar riesgos y despilfarros de energía cuando el organismo tiene problemas o el entorno no ofrece garantías de éxito. 

Existe el programa contrario: “¡pero qué haces en la cama!” “¡Sal de ahí inmediatamente y camina!” Si el cerebro cree que quedarse quieto es una temeridad, aplica también la extorsión y genera la imperiosa necesidad de mover las piernas o, casi mejor, salir del lecho. Si se obedece, desaparece la presión. 

Los neurólogos han puesto nombre a esta situación: “Sìndrome de piernas inquietas”. Existen las correspondientes asociaciones de pacientes y se “están produciendo avances considerables en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad”. 

Como no podía ser de otra manera, se piensa que hay un transfondo genético importante, se tienen fundadas sospechas de que hay una molécula que no hace bien los deberes, en este caso la dopamina, se han obtenido éxitos espectaculares con la administración de fármacos que suplen su déficit y se recomienda un estilo de vida higiénico-saludable. 

¿Qué piensa el cerebro de todo esto? ¿Qué piensan los neurólogos sobre lo que piensa el cerebro?¿Qué puede haber llevado al cerebro a temer el merecido reposo nocturno?

¿Por qué a veces el cerebro tiene miedo a que nos movamos y otras a que estemos quietos?

En ocasiones el cerebro aplica los dos miedos aunque sean contradictorios: ¡Muévete!… y… ¡pero qué haces, pensando en moverte! En la fibromialgia no es rara esa situación de locos: recibir castigo tanto si te quedas quieto como si pretendes caminar un poco…

No tengo respuestas para todas esas preguntas pero estoy convencido de que el cerebro tiene razones para activar programas y que esas razones proceden de su instinto defensivo. En mi opinión es fundamental explicar a los pacientes que en todo este embrollo no hay una enfermedad sino un cerebro asustado y confuso que exige, sin motivo, que nos movamos o que nos quedemos quietos. 

Los localizacionistas ya han descubierto la zona cerebral que construye el deseo incontenible de movernos: está en el córtex parietal posterior inferior. Un interesantísimo artículo de Science: Movement Intention After Parietal Cortex Stimulation in Humans. Science: 324, 811 (2009) firmado por Michel Desmurguet demuestra que estimulando esta zona parietal se consigue promover el deseo incontenible de movernos e, incluso, la convicción de que nos hemos movido aunque no se haya contraído ninguna fibra muscular. Paradójicamente, la estimulación de la corteza premotora frontal consigue el movimiento pero no su percepción. 

La voluntad de movernos o quedarnos quietos no es patrimonio exclusivo del YO.

El cerebro propone… y … ¿quien o qué dispone?

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