Serotonina y movimiento

Tiene éxito, dentro de la tendencia irreprimible a reducir todos los problemas neuronales a anomalías de una molécula, la idea de que la serotonina es la “droga de la felicidad” y que si no somos felices es porque se nos ha venido abajo la deseada molécula.
Uno de mis varios empeños en entender las entrañas de la red neuronal ha sido el de comprender a la serotonina. He explorado todas las entradas que he pillado sobre ella para captar sus ocultos poderes y todavía no he sacado ninguna conclusión.
Dicen que sin serotonina nos venimos abajo y nos sumimos en una apatía motora dolorida de la que nos sacan los benditos fármacos que la devuelven al nivel necesario. Sin serotonina no nacen nuevas neuronas en el hipocampo, la vida se detiene, no interesa la novedad, el riesgo, la incertidumbre. El movimiento está desprovisto de ilusión e, incluso, se vuelve doloroso y cansino.
Dicen también que el ejercicio normaliza la serotonina y echa a andar la fábrica de nuevos retoños neuronales en el hipocampo.
¿Dónde acaba el organismo y comienza el individuo? ¿Qué controla la motivación, el arrojo? ¿Qué hace que nos movamos?
¿El problema es físico o psicológico?
…
-¡Hay que moverse!
-¡Qué más quisiera yo! pero… ¿no me podría subir antes la serotonina?
- Eso está hecho…
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