Fibromialgia. El cerebro kafkiano

Una forma esquemática de entender la función de la red neuronal es la de seleccionar y preparar respuestas adecuadas a estímulos, a situaciones. Las temperaturas extremas, la falta de agua y alimento, la presencia de un depredador o competidor, el desamparo… son estados que requieren una respuesta por parte del organismo. El individuo forma parte de ese organismo y le corresponde cumplir con el guion que marca dicha respuesta.
El cerebro evalúa la situación, selecciona la mejor respuesta, según su sistema de valores, e incita, motiva al individuo a colaborar con más o menos margen de voluntad y ganas en la ejecución de lo decidido.
Hay situaciones que obligan a moverse, bien para huir o defenderse o, al contrario, para acercarse y apropiarse de algo ventajoso. En otras lo prudente parece quedarse quieto, para pasar desapercibido, guarecerse en el refugio o para no despilfarrar recursos en un entorno precario a la espera de que las cosas pinten mejor.
El cerebro incita al movimiento o a la quietud, según los contextos y su significado. Es una cuestión de inversión de recursos: se calcula el coste y el beneficio-perjuicio (de acción y omisión) y se opta por moverse o quedarse quieto. Gastar dinero-energía o esperar a que mejoren las condiciones internas y/o externas. Es una cuestión de Neuroeconomía, probablemente la cartera más importante del Neurogobierno.
El Sistema de aversión-recompensa es el que se encarga de promover la ejecución de las respuestas evaluadas previamente como más indicadas por los centros correspondientes. Para mover o inmovilizar al individuo hay que incentivarle, hacerle desear la conducta seleccionada. Si debe moverse hay que generarle la im-pulsión al movimiento y si se desea que esté quieto deberá crearse la invitación a la inmovilidad.
Hay un programa en el cerebro que contiene la invitación a la quietud. Se llama “respuesta de enfermedad” y reúne una serie de percepciones que tratan de conseguir que el individuo “decida” permanecer quieto, en el refugio, protegido y sin ganas de interactuar con el entorno.
El programa induce, como es lógico, una vivencia de desagrado, de fastidio, de falta de incentivo. Por si no fuera suficiente se le añade la percepción de cansancio y una valoración negativa de los resultados de cualquier intentona de salir al exterior. Cualquier intento de moverse cuando el programa exige quietud, dispara el dolor, el castigo por la desobediencia a lo solicitado.
El resultado es un individuo cansado, desmotivado, triste, dolorido y pesimista, atrapado en una reflexión catastrofista desde una mente embotada sobre los resultados de una hipotética inversión de esfuerzos.
Si el programa de “siéntase usted mal para que todo vaya bien” se ha disparado ante una situación adversa o precaria real, el resultado habrá sido ventajoso para el organismo (incluido el individuo). Una vez vuelvan los buenos tiempos se volverá a activar el programa contrario: “siéntase usted bien para que todo vaya bien”. Volverá el optimismo, el ánimo, la sensación de fuerza, las ganas de comerse el mundo, la reflexión eufórica, la autoestima.
El problema surge cuando se activa el programa de encontrarse mal sin que se dé una situación de adversidad-precariedad que lo justifique.
- Me encuentro cansada, sin ganas de hacer nada, me duele todo, no me concentro.
- Está deprimida
- No tengo motivos. Estoy desanimada pero es porque no me encuentro bien físicamente.
- Todas las pruebas son normales. No está usted enferma. Insisto, esto es una depresión.
…
La desconcertada paciente que se siente enferma sin enfermedad iniciará un deseperante y kafkiano camino por sucesivas consultas y terapias sin entender nada. El programa de sentirse mal queda activado como un disco rayado, condenando a la paciente a oir ese insoportable fragmento. Algo o alguien tendría que mover la aguja del surco donde ha quedado atrapada.
Realmente el diagnóstico del doctor es correcto: se trata de una depresión. Está activado el programa que pretende y consigue que el individuo se sienta desmotivado, desganado, triste, cansado, dolorido y embotado. Pero ¿por qué se ha encendido el programa?
- Es una depresión endógena. El programa se ha encendido sólo. Serán los genes. Tiene baja la serotonina. Le ha tocado ese cerebro. No se preocupe: le subimos la serotonina y se encontrará mucho mejor.
…
Los programas no se encienden solos. Se encienden tras un proceso de evaluación de costes y perjuicios. Si la autoestima de organismo es baja, aunque sea una evaluación errónea, el cerebro encenderá el programa de sobrevivir con un organismo enfermo, aunque esté sano.
Las pacientes de fibromialgia residen en un organismo sano, regido por un cerebro equivocado que ve enfermedad donde no la hay. Basta con que el cerebro tema enfermedad para que se active el programa de sentirse enfermo. No hay que buscar racionalidad en las decisiones cerebrales. No siempre la consigue.
- Es una fibromialgia. Es una enfermedad misteriosa. No conocemos la causa ni, por supuesto, la solución. Tiene que aprender a sobrellevar la enfermedad. No se preocupe. Le atenderá un equipo multidisciplinar. Va a tomar estos antidepresivos, estos antiepilépticos y estos antiinflamatorios. Le verán una psicóloga y una fisio. Tiene que moverse.
…
La indefensión está servida. Se cierra el bucle kafkiano:
1. El cerebro hipocondríaco está siempre valorando miedo a enfermedad
2. La cultura anima el temor a la enfermedad, al deterioro y a las facturas por adversidad física y psicológica del pasado
3. El cerebro hipocondríaco supera el umbral de probabilidad de enfermedad y activa el programa “respuesta de enfermedad”
4. El doctor niega enfermedad e imputa al individuo una mala gestión de su vida o un cerebro deficiente de nacimiento
5. Otro doctor certifica que existe una enfermedad llamada fibromialgia
6. El cerebro y el individuo se reconfortan tras comprobar que su temor inicial de contraer y haber contraído una enfermedad estaba justificado
7. El programa enfermedad queda encendido a perpetuidad a la espera de que se descubra el origen y la solución. Un organismo sano ha sufrido una metamorfosis extraña y se ha convertido misteriosamente en un organismo enfermo.
Franz Kafka. La metamorfosis
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