El poder de la imaginación
La palabra poder es peligrosa. El tiempo y el uso han cambiado su verdadero sentido. En origen se refería a capacidad potencial pero se ha cargado de arrogancia y presunción. El poder (ilimitado) de la imaginación confundió las mentes revolucionarias del Mayo francés del 68 exigiendo violentamente el derribo de las estructuras manifiestamente mejorables del poder para sustituirlas por la imaginación: “imaginación al poder”; “exijamos lo imposible”.
La afirmación de que la imaginación tiene poder indica simplemente que está dotada de una capacidad potencial. Nos permite especular sobre la realidad, representarla en un escenario virtual y empujarla o contenerla con nuestros deseos y temores. El ejercicio imaginativo no permite mover montañas, conocer y cautivar a Príncipes ni acceder a lugares recónditos de la mente pero sí permite modificar algunas cuestiones en la dirección de lo imaginado.
El cerebro es un órgano imaginativo. Es lo que sabe hacer: imaginar y es lo que constante e incansablemente hace. Rumia los archivos buscando pistas para imaginar la realidad inmediata y lejana y ajustar así las decisiones para esquivar o minimizar los impactos negativos.
Las creencias encarrilan, someten el flujo de lo imaginado. Si son correctas, ajustadas a lo que realmente sucede, permiten desatender lo banal y centrar el foco sobre lo importante. Si el soporte de las convicciones es absurdo, irracional, el cerebro se convierte en un órgano alienante, déspota, implacable, empeñado en someter al individuo al poder de lo que imagina.
¿“Imaginación al poder”? Depende…¿De qué depende? Evidentemente, de lo ajustado a realidad de lo que se imagina.

Dibujo de Uxue Maturana
El cerebro migrañoso imagina necrosis, muerte violenta celular. Es de natural hipocondríaco y alarmista. Construye miedos irracionales. En ausencia de cultura migrañosa el aprendizaje permite contener los impulsos emocionales del recelo a lo novedoso a base de experiencia tutelada. Los circuitos neuronales retocan sus puntos de conexión quitando peso a las sinapsis que encienden el pánico a lo banal no codificado. Lo irrelevante deja de ser atendido.
La cultura migrañosa impide el proceso de habituación a lo banal. No sólo eso: puede sensibilizar negativamente sucesos biológicos necesarios (cambios hormonales) inevitables (cambios meteorológicos) o positivos (dulces).
“Prohibido prohibir” era una de las muchas proclamas del Mayo francés. Tuvo éxito entre el público estudiantil entregado. Muchos de los que lo coreaban se dedican ahora a imaginar nuevas prohibiciones.
El cerebro migrañoso prohibe en exceso, sin sensatez. Debieran prohibirle prohibir lo irrelevante. debieran prohibirle dar a la tecla del programa dolor de cabeza cuando sale viento Sur, vamos de viaje o hemos dormido mal.
La imaginación migrañosa tiene mucho poder. ¿“Imaginación al poder”?
Depende
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